23 | 05 | 2013
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Raúl Roa y la reivindicación de la dignidad cubana

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Lino Luben Pérez / Servicio Especial de la AIN

   Apenas dos años después del triunfo de la Revolución cubana en 1959, las presiones y amenazas del gobierno de Estados Unidos contra la Isla llegaron a tal extremo que sus autoridades decidieron plantear sus quejas y acusaciones en el Consejo de Seguridad de la ONU.

   En virtud de la inercia y la pasividad cómplice de la Organización de Estados Americanos (OEA), Raúl Roa, a la sazón ministro de Relaciones Exteriores, se dirigió a ese órgano el 18 de julio de 1960 para exponer los derechos de su país de acudir a la institución.
   La Carta de la OEA estipulaba que todas las controversias internacionales que surgieran entre sus asociados debían ser sometidas a los procedimientos de la organización interamericana antes de ser llevadas al Consejo de Seguridad.
   Sin embargo, Roa explicó que ninguna de las normas del sistema inter hemisférico podría menoscabar los derechos y obligaciones de los miembros de la ONU.    
   “(...) La Cuba revolucionaria no es satélite ideológico o efectivo de ningún país. Miente, a sabiendas, quienes la acusan de tal. Cuba es hoy, también, por primera vez, un diminuto planeta que recorre su órbita histórica con absoluta autonomía de traslación y rotación. 
   “De ahí la divisa de nuestra política exterior: amigos de todos; siervos de nadie. Y, en consecuencia, aspiramos a convivir, libre y pacíficamente, con todos los pueblos y naciones del mundo, sobre la base de igualdad, respeto mutuo y recíproco beneficio, independientemente del carácter de sus respectivos sistemas sociales”, sostuvo.
   Enumeró el minucioso glosario de las agresiones norteamericanas contra su nación e incluso ofreció datos acerca de los pilotos norteamericanos muertos o hechos prisioneros en los vuelos piratas para realizar acciones de sabotaje contra objetivos civiles y económicos.
   Denunció los principales motivos por los cuales la administración estadounidense agredía a la Revolución Cubana que, para su gobierno, no eran otros que su liberación e independencia de los monopolios norteamericanos y los logros ya palpables del proceso en marcha.
   Por semejantes motivos y con pruebas contundentes, solicitó la resolución de ese órgano para ayudar a contener la agresividad de los EE.UU. y su disposición a dirimir por los canales diplomáticos normales sus diferencias mutuas.
   No obstante, dejó constancia del liderazgo cubano, de su determinación inquebrantable a resistir, en apretado haz con su pueblo, a quienes osaran desembarcar en las costas cubanas en son de conquistadores.
   Mientras tanto, en el edificio de la OEA, en Washington, se decidió que el 17 de agosto de 1960 sería inaugurada la VI Reunión de Consulta de Ministros de la OEA que culminó el día 21.
   Pero Roa y su delegación se retiraron ante la inminente aprobación de una Resolución anti cubana que dio pie a una contundente respuesta cubana: la Primera Declaración de La Habana, el dos de septiembre de 1960 y su aprobación en multitudinaria manifestación popular en la Plaza de la Revolución José Martí.
   Entonces, miles de personas condenaron en todos sus términos aquel texto porque era un documento dictado por el imperialismo norteamericano y atentatorio a la autodeterminación nacional, la soberanía y la dignidad de los pueblos hermanos del continente. (Por Lino Luben Pérez, AIN)

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