Los retos de un nuevo comienzo

Rodeados por padres, familiares, instructoras de beca, profesores y profesoras, así como por otros trabajadores no docentes, los nuevos estudiantes universitarios comienzan el proceso de familiarización con el Alma Máter, quien recibe a sus pupilos henchida de retos, bajo la forja martiana de que

“Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido (…) es ponerlo a nivel de su tiempo”.

Desde el dibujo simple y geométrico, hasta la estructura funcional de un edificio público o empresa, la carrera de Ingeniería Civil gana adeptos entre los nuevos estudiantes. Ángel Antonio Acosta Peña, junto a su familia refleja el entusiasmo y la alegría de ingresar hoy a la Casa de Altos Estudios.

“En mi familia no existen antecedentes de ningún Ingeniero Civil, aunque mis padres siempre nos inculcaron el valor del estudio y la responsabilidad ante el trabajo. En mi caso particularmente me gustaba estar dibujando e inventando desde pequeño, por eso consideré desde la enseñanza media estudiar la carrera de Ingeniería Civil.

¿Qué perspectivas tienes al respecto de la carrera?

En estos momentos muchas; también los nervios son muchos, espero con ansias empezar la carrera, comprobar con mis propios ojos las referencias antes mencionadas por conocidos, amistades y otras personas que me apoyaron para dar el paso. Hoy junto a mi familia estamos recorriendo el Centro de Estudios Superiores conociendo los pormenores fundamentales de la carrera y preparando las condiciones para los retos porvenir.”

Muy cerca de allí, con las manos ataviadas de papeles y una sonrisa lozana la joven Carla Alfonso Pérez conversa gustosa sobre la carrera escogida:

“Comenzaré en la carrera de Ingeniería Industrial, una de mis motivaciones fundamentales fueron mis padres quienes se graduaron en esta Universidad, su entusiasmo al rememorar las historias universitarias, la nostalgia por la formación aguzada de longevos pedagogos y más que nada el orgullo que sienten por su profesión me inspiró para optar por esta carrera.

“Las ciencias siempre llamaron mi atención, desde que estudiaba en el IPVCE “Máximo Gómez Báez” teníamos contacto con la Universidad, en diferentes ocasiones compartimos con estudiantes de aquí, mediante eventos, el ejercicio de las puertas abiertas y otras actividades, pero mi curiosidad versaba cada vez más hacia esta carrera, por lo cual no perdía la ocasión para indagar con ellos al respecto.

“Me emociona ver a varias y varios de mis antiguos compañeros de escuela aquí, es un momento muy importante para todos y además un sueño hecho realidad, finalmente alcanzamos la carrera que anhelábamos por eso la emoción colectiva, los nervios, y la expectativa se respiran alrededor.”

La Casa de Altos Estudios agramontina es por estos días un interminable ir y venir entre familiares, estudiantes y trabajadores. El prestigio alcanzado en su medio siglo de vida avala la prestancia en sus graduados y la garantía de un claustro de excelencia para la superación profesional acorde con los tiempos actuales.

“El centro en general me llama la atención, ya conocimos a varios de los profesores que me darán clases este año. Siento que en estos momentos me invade una incertidumbre enorme con respecto a la profesión y el futuro que me espera, ser abogada es una responsabilidad, sin dudas, muy grande, comenta Eliannis Pérez Guerra.

“Considero que el llegar a esta Universidad es ya un paso gigantesco para mi futuro, dados los cambios que hoy está viviendo el país y la responsabilidad que tenemos los jóvenes ante el futuro tanto en el ámbito político y social; pienso que llegar a la Universidad es la manera más acertada de mostrar mi compromiso ante el proceso revolucionario cubano.

“Mi familia está feliz, mi madre, sobre todo, aún nos parece un sueño estar hoy aquí, sin dudas, estamos muy emocionadas.”

Se miran una a la otra fijamente y en los ojos de la madre las lágrimas no contienen la emoción, mientras la joven Eliannis Pérez Guerra sonríe orgullosa de saberse ya una aprendiz en términos de justicia y legalidad.

Son escenas de un nuevo comienzo, un futuro para los profesionales de Cuba, para todos los hijos de este pueblo como tantas y tantos héroes soñaron sin distinción de color, estatus social u otra índole. Hoy la Universidad de Camagüey “Ignacio Agramonte Loynaz” recibe las semillas fértiles de hombres y mujeres constructores, hacedores del porvenir en Cuba.

Por: Dianelis González Palmero.

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