Sucesos del 27 de Noviembre: Cuatro historias contra el odio

Por: Yunier Javier Sifonte Díaz (Cubadebate)
Fotos tomadas de Cubadebate
El suceso es uno de los m√°s dolorosos de la historia de Cuba. M√°s de 40 estudiantes de primer a√Īo de medicina fueron llevados a dos Consejos de Guerra, acusados de profanaci√≥n de tumbas y luego de infidencia. En el primer juicio unos quedaron absueltos y otros tuvieron condenas menores, pero la furia del Cuerpo de Voluntarios de La Habana y la bajeza del gobierno colonial espa√Īol se combinaron para anular la sentencia. En un segundo y todav√≠a m√°s injusto proceso, ocho j√≥venes recibieron la pena de muerte.

Contrario a la pintura más conocida, a los estudiantes los asesinaron de dos en dos, con las manos atadas a la espalda, de rodillas y de espaldas al pelotón de fusilamiento. Foto: Archivo.

Ninguno de los fusilados pasaba de los 21 a√Īos y en el Cementerio de Espada √ļnicamente hab√≠an correteado con el veh√≠culo usado para conducir los cad√°veres a la sala de disecci√≥n. El m√°s joven ‚ÄĒde solo 16 a√Īos‚ÄĒ arranc√≥ una flor. Sin embargo, los se√Īalaron como los profanadores del sepulcro del periodista Gonzalo Casta√Ī√≥n, un furibundo anticubano muerto un a√Īo antes.

Contrario a la pintura más conocida, a los estudiantes los asesinaron de dos en dos, con las manos atadas a la espalda, de rodillas y de espaldas al pelotón de fusilamiento. De la sentencia definitiva al momento final apenas pasaron poco más de tres horas. Casi siglo y medio después, todavía los mitos y la realidad se entrelazan para contar esta historia de horror y tristeza.

El defensor de los estudiantes en el primer juicio

Capdevila pronunció un discurso memorable donde echó por tierra cada acusación. Foto: Cubadebate.

De todas las figuras relacionadas con el fusilamiento de los estudiantes de medicina, la del capit√°n espa√Īol Federico Capdevila es quiz√°s la m√°s conocida. Nacido en Valencia el 17 de agosto de 1844, fue el abogado de oficio con la responsabilidad de defender a los 45 j√≥venes acusados del delito de profanaci√≥n de tumbas durante el primer Consejo de Guerra.

Luego de escuchar todas las declaraciones del fiscal, Capdevila pronunci√≥ un discurso memorable donde ech√≥ por tierra cada acusaci√≥n. Seg√ļn el testimonio de Ferm√≠n Vald√©s Dom√≠nguez, durante las casi siete horas del juicio el capit√°n espa√Īol ‚Äúse elev√≥ a un alto puesto entre los hombres de verdadera fe patri√≥tica‚ÄĚ.

No es dif√≠cil imaginar las circunstancias en las que este hombre de solo 27 a√Īos enfrent√≥ a unos magistrados carentes de argumentos, pero impulsados por la furia de los Voluntarios de La Habana. Seg√ļn varios historiadores, afuera del edificio miles de ellos exig√≠an la muerte de los estudiantes; en la sala, mientras tanto, los gritos pr√°cticamente imped√≠an avanzar e incluso uno de los voluntarios intent√≥ agredir al defensor de los estudiantes.

Sin embargo, pr√°cticamente sin apoyo frente a la muchedumbre, Capdevila no dud√≥ en describir el juicio como triste, lamentable y repugnante, y a los voluntarios como ‚Äúun pu√Īado de revoltosos que hollando la equidad y la justicia, pisoteando el principio de autoridad y abusando de la fuerza, quieren sobreponerse a la sana raz√≥n y a la ley‚ÄĚ.

‚ÄúDesde la apertura del sumario he presenciado, he o√≠do la lectura del parte, declaraciones, y o yo soy muy ignorante, o nada, nada absolutamente encuentro de culpabilidad (‚Ķ) ¬ŅD√≥nde est√° el delito, ese desacato sacr√≠lego? Creo y estoy firmemente convencido que s√≥lo germina en la imaginaci√≥n obtusa que fermenta en la embriaguez de un peque√Īo n√ļmero de sediciosos‚ÄĚ, asegur√≥.

Luego del primer juicio, los voluntarios intentaron apresarlo y el Presidente del tribunal lo obligó a salir hacia otra habitación. Desde ese momento, los más de 40 procesados quedaron solos ante el terror. Ante la inconformidad de los voluntarios con las sanciones menores, un segundo Consejo de Guerra fue convocado apenas cuatro horas después.

Cuando Capdevila supo del fusilamiento quebr√≥ en p√ļblico su espada y renunci√≥ a continuar prestando servicios como oficial. A√Īos m√°s tarde, cuando otra injusticia lo oblig√≥ a cumplir tres a√Īos de c√°rcel en Santiago de Cuba, un grupo de cubanos recaud√≥ 1200 pesos para √©l, pero de nuevo el espa√Īol dio muestras de honestidad y se neg√≥ a aceptar el dinero.

Seg√ļn un art√≠culo publicado en 2009 por las periodistas Mar√≠a Julia Guerra y √Āngela Pe√Īa, Capdevila propuso invertir esa suma en un monumento a los estudiantes asesinados. Entonces, el grupo le entreg√≥ una espada con una ic√≥nica inscripci√≥n: ‚ÄúAl Se√Īor Federico Capdevila, el h√©roe del 27 de noviembre de 1871‚ÄĚ.

Capdevila muri√≥ de tuberculosis el primero de agosto de 1898 y luego de un breve enterramiento en Santa Ifigenia, en 1903 sus restos fueron depositados junto al de los estudiantes. M√°s de treinta a√Īos despu√©s de su defensa y de ver por √ļltima vez a aquellos muchachos, la historia lo coloc√≥ por fin en el sitio que merec√≠a.

Nicol√°s Est√©vanez: ‚ÄúAntes que la patria est√°n la humanidad y la justicia‚ÄĚ

La Oficina del Historiador de la Ciudad. Foto: Habana Radio.

Desde el 27 de noviembre de 1937 la Oficina del Historiador de la Ciudad organiza cada a√Īo un acto junto a una tarja en las afueras del actual Hotel Inglaterra. El sitio, conocido hace m√°s de cien a√Īos por las tertulias y discusiones escenificadas por los sectores progresistas del pa√≠s en la Acera del Louvre, es otro de los lugares vinculados al fusilamiento de los estudiantes de medicina.

El protagonista result√≥ el capit√°n espa√Īol Nicol√°s Est√©vanez, un hombre de 33 a√Īos que hab√≠a llegado a Cuba para evitar luchar contra los republicanos en su pa√≠s. Como mismo ocurri√≥ con Federico Capdevila, al escuchar las descargas de los fusiles contra los estudiantes, Est√©vanez no pudo contener su ira, escenific√≥ una airada protesta p√ļblica y en el acto renunci√≥ a su carrera como militar.

En un contexto marcado por la furia de los voluntarios y el desapego a las leyes y la justicia, la actitud de este hombre fue un acto casi temerario de valentía y dignidad. Foto: Cubadebate

Seg√ļn cuenta en sus memorias, d√≠as antes hab√≠a escuchado de la revuelta de los voluntarios contra los estudiantes, pero no le dio importancia e incluso se ech√≥ a re√≠r cuando alguien le anunci√≥ el posible fusilamiento.

‚ÄúSometidos los muchachos a un consejo de guerra y probada su inocencia, hubieran sido absueltos si los capitanes que constitu√≠an el tribunal militar no hubiesen tenido la debilidad de creer que se evitar√≠an mayores males imponi√©ndoles alg√ļn castigo‚ÄĚ, escribi√≥ a√Īos m√°s tarde para referirse al primer juicio.

Sin embargo, Est√©vanez no se enter√≥ del segundo Consejo de Guerra y el asesinato lo tom√≥ por sorpresa. ‚ÄúMe detuve en la puerta del Louvre muy sorprendido de que all√≠ no hubiera casi nadie. En aquel momento lleg√≥ a mis o√≠dos el ruido seco de una descarga cerrada. ¬ŅQu√© sucede? ‚ÄĒpregunt√©‚ÄĒ. Es que fusilan a los estudiantes, respondi√≥ un camarero‚ÄĚ. Seg√ļn cont√≥, en ninguno de los trances de su vida perdi√≥ la compostura como en ese momento.

‚ÄúMe descompuse, grit√©, pens√© en mis hijos, creyendo que tambi√©n los fusilaban; no s√© lo que me pas√≥; ahora mismo no acabo de explic√°rmelo. Dos camareros se apoderaron de m√≠ encerr√°ndome en un patinillo, sin lo cual es posible que a m√≠ tambi√©n me hubieran asesinado cuando las turbas aullando volv√≠an del fusilamiento‚ÄĚ, escribi√≥ a√Īos m√°s tarde al recordar el suceso.

En un contexto marcado por la furia de los voluntarios y el desapego a las leyes y la justicia, la actitud de este hombre fue un acto casi temerario de valent√≠a y dignidad. De hecho, al decir del historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenring, Est√©vanez fue el m√°s puro, noble y digno de los pocos espa√Īoles que se pronunciaron contra el crimen cometido por los voluntarios con la complicidad de los gobernantes de la Metr√≥poli.

Despu√©s de aquel acto de valent√≠a y honor, el capit√°n espa√Īol decidi√≥ abandonar la Isla y regres√≥ a Espa√Īa a inicios de 1872. Luego de varios a√Īos vinculados a los movimientos republicanos en la pen√≠nsula, muri√≥ en Par√≠s el 19 de agosto de 1914.

Junto a √©l, a los profesores Domingo Fern√°ndez Cuba y Juan Manuel S√°nchez Bustamante, los generales espa√Īoles Antonio Venenc y Rafael Clavijo ‚ÄĒopuestos al crimen pero obligados por los voluntarios a permanecer en el juicio‚ÄĒ, as√≠ como el capit√°n V√≠ctor Miravalles y Santa Olalla ‚ÄĒvocal del primer Consejo de Guerra y negado a firmar la sentencia‚ÄĒ, representan los m√°s altos ejemplos de hidalgu√≠a en aquellos momentos oscuros.

Recordarlos a todos, seg√ļn las palabras del Dr. F√©lix Julio Alfonso, es ‚Äúun acto que ennoblece y engrandece el alma cubana‚ÄĚ.

El guardi√°n de la inocencia

En 1872 Ferm√≠n Vald√©s Dom√≠nguez lleg√≥ a Madrid y junto a Jos√© Mart√≠ organizo muchos de los trabajos para rescatar la memoria de sus compa√Īeros muertos. Foto: Cubadebate.

Con solo 19 a√Īos, Ferm√≠n Vald√©s Dom√≠nguez ya ten√≠a en su historia la fundaci√≥n junto a Jos√© Mart√≠ del peri√≥dico El Diablo Cojuelo y una condena de seis meses acusado de infidencia. Sin embargo, quiz√°s durante toda su vida nunca estuvo tan cerca de la muerte como en aquellos d√≠as de 1871. Ferm√≠n fue uno de los estudiantes conducidos a prisi√≥n en la tarde del 25 de noviembre.

En un magn√≠fico libro publicado dos a√Īos despu√©s, Vald√©s Dom√≠nguez fue el primero en contar los detalles de esas horas. De las acusaciones del Gobernador Pol√≠tico recuerda la brusquedad y su ‚Äúhabilidad funesta para te√Īir de pol√≠tica los actos en el cementerio‚ÄĚ.

Mientras tanto, del profesor Pablo Valencia ‚ÄĒincapaz de detener el arresto en su sal√≥n de clases‚ÄĒ rememora el ‚Äúmiedo ego√≠sta que embargaba todas sus facultades‚ÄĚ. De la prisi√≥n, habla de las dos noches obligados a dormir en el piso y sin mantas.

Sin embargo, pocos testimonios son tan reveladores como el de la espera para conocer el veredicto del segundo juicio.

‚ÄúMomentos fueron aquellos terribles para nosotros; aquella galera era nuestra capilla. Aquella ansiedad, que no era mayor que la de toda la noche y todo el d√≠a, dur√≥ una hora. Todo indicaba que iba a consumarse el crimen, pues la capilla de la c√°rcel esperaba ya a las v√≠ctimas; una compa√Ī√≠a de Voluntarios la custodiaba, y aun no sab√≠amos qui√©n hab√≠a de morir‚ÄĚ.

En el segundo Consejo de Guerra, Ferm√≠n y una decena de estudiantes recibieron la condena de seis a√Īos de c√°rcel. Otros deb√≠an cumplir penas de cuatro a√Īos. No obstante, luego de varias gestiones y gracias al esc√°ndalo desatado en algunos pa√≠ses por el fusilamiento de los j√≥venes, a mediados de 1872 el rey Amadeo I firm√≥ un indulto para todos y sin rehabilitarlos p√ļblicamente los deport√≥ a Espa√Īa.

Nada m√°s llegar a aquel pa√≠s, Ferm√≠n comenz√≥ un tit√°nico trabajo para denunciar la injusticia cometida con sus compa√Īeros muertos. En el primer aniversario de los hechos circul√≥ por Madrid un impreso que recordaba a los estudiantes y en a√Īos sucesivos public√≥ varias ediciones de su libro¬†Los voluntarios de La Habana en el acontecimiento de los estudiantes de Medicina

Gracias a las gestiones de Fermín Valdés Domínguez fue posible salvar de la demolición un fragmento de la pared que sirvió para fusilar a los estudiantes. Foto: Cubadebate.

 

 

Junto a ello, en enero de 1887 logr√≥ que uno de los hijos de Gonzalo Casta√Ī√≥n confirmara la normalidad del nicho de su padre, un testimonio que ech√≥ por tierra la justificaci√≥n empleada 16 a√Īos antes para fusilar a los estudiantes. A su vez, impuls√≥ la exhumaci√≥n de los restos de sus compa√Īeros y recaud√≥ fondos para erigir el actual monolito funerario. M√°s tarde √©l tambi√©n reposar√≠a all√≠.

Finalmente, cuando se habla del fusilamiento de los estudiantes es imposible no recordar el peque√Īo monumento que guarda el sitio donde los ocho j√≥venes encontraron la muerte. All√≠ tambi√©n estuvo la mano de Ferm√≠n Vald√©s, porque gracias a sus gestiones fue posible salvar de la demolici√≥n un fragmento de la pared que sirvi√≥ para colocar a los estudiantes frente a sus verdugos.

Es un sitio peque√Īo, con ocho columnas de m√°rmol y algunas inscripciones para recordar aquel fat√≠dico d√≠a. Si uno se acerca lo suficiente puede ver las huellas de las balas sobre los bloques de la pared. A su lado, esbelta, la bandera cubana que Ferm√≠n Vald√©s elev√≥ sobre el muro como prueba de fidelidad y patriotismo.

‚ÄúIc√© con mis manos la bandera que, al lado del pedazo de pared de La Punta, dice al mundo que all√≠ est√° algo de nuestro coraz√≥n, que aquella sangre all√≠ derramada hace de aquel lugar altar donde nuestro amor a la nacionalidad nos tiene siempre de pie y dispuestos a lo que el deber nos mande hacer en honra de ella‚ÄĚ, cont√≥ casi al final de su vida.

La labor de este hombre fue vital para preservar la memoria hist√≥rica sobre los hechos. Sin su constancia quiz√°s muchos detalles se hubieran perdido en el tiempo. Con sus textos, su valent√≠a y su labor de a√Īos para demostrar la inocencia de los estudiantes y denunciar lo ocurrido, revel√≥ qui√©nes deber√≠an ser los verdaderos acusados.

Entre la verdad y el mito: Los héroes negros

Desde el 2006 los miembros de la sociedad abaku√° realizan una peregrinaci√≥n hasta el lugar donde seg√ļn la tradici√≥n cay√≥ uno de los negros aquel d√≠a. Foto: Cubadebate.

La muerte de cinco negros el mismo día del fusilamiento de los estudiantes de medicina es tal vez la más mítica y desconocida de las historias que hasta hoy llegan en torno al 27 de noviembre de 1871.

Para unos, aquellos hombres pertenecían a la sociedad secreta abakuá y se lanzaron casi al suicidio en cofradía con uno de los suyos. Para otros, ese acto es la muestra para negar que no todos los cubanos quedaron indiferentes ante el crimen.

Como varios sucesos de la época, este es un hecho con muchas inexactitudes históricas. Esencialmente transmitido de forma oral, todavía quienes lo investiguen deben limpiar la hojarasca para dejar la verdad. Así, algunos se refieren a que el intento por rescatar a los estudiantes tuvo lugar cuando salían camino al paredón de fusilamiento.

Otros, por su parte, afirman que todo ocurri√≥ m√°s temprano y fue un ataque contra los voluntarios apostados en las afueras de la c√°rcel. Algunos m√°s exageran la historia y hablan de un levantamiento de negros en La Habana e incluso del enterramiento colectivo de todos ‚ÄĒatacantes y estudiantes‚ÄĒ en la misma fosa com√ļn. Quienes sostienen esa idea no tienen pruebas de tales afirmaciones.

Sin embargo, todos coinciden en un elemento: al parecer en el acto murieron cinco negros liderados por el hermano de leche de Alonso √Ālvarez de la Campa, el m√°s joven de los estudiantes condenados. De hecho, esa es la versi√≥n que sostiene la pel√≠cula cubana Inocencia, inspirada en los sucesos del 27 de noviembre y que tras una profunda investigaci√≥n tiene su estreno este martes en La Habana.

Del asunto tambi√©n habl√≥ el Che Guevara en noviembre de 1961. Entonces dijo que el terror ‚Äúno solamente se cobr√≥ en esos d√≠as la sangre de los estudiantes fusilados. Como noticia intrascendente que a√ļn durante nuestros d√≠as queda bastante relegada, porque no ten√≠a importancia para nadie, figura en las actas el hallazgo de cinco cad√°veres de negros muertos a bayonetazos y tiros‚ÄĚ.

En un art√≠culo publicado en 1998 en La Gaceta de Cuba, el investigador cubano Seraf√≠n Qui√Ī√≥nez recoge tres documentos que arrojan cierta claridad sobre el asunto. En el primero de ellos, se cuenta c√≥mo ‚Äúapostados detr√°s de los fosos que se extienden frente a la plaza, unos negros dispararon sus rev√≥lveres contra los voluntarios, hiriendo a un alf√©rez de artiller√≠a‚ÄĚ.

A su vez, Qui√Ī√≥nez cita un segundo testimonio que agrega c√≥mo ‚Äúel resto de los que se sintieron atacados por los negros arremetieron inmediatamente contra ellos, y en aquel punto fueron despedazados los cinco que se creyeron autores de la agresi√≥n‚ÄĚ.

Finalmente, tambi√©n habla sobre un estudio publicado en Santiago de Cuba en 1956 que recoge el testimonio del celador del lugar: ‚Äúson cinco los hombres de color muertos, recogidos en diferentes lugares de este barrio, los cuales estaban heridos de arma de fuego y bayoneta‚ÄĚ.

Autores contempor√°neos como los periodistas Pedro de la Hoz y Pedro Garc√≠a, as√≠ como el investigador cubano F√©lix Julio Alfonso, se han referido al tema. En el discurso pronunciado el 27 de noviembre de 2015 en las afueras del Hotel Inglaterra, Alfonso asegur√≥ que ‚Äútampoco podemos olvidar a los m√°rtires abaku√°s que, en una acci√≥n temeraria, casi suicida, intentaron en vano salvar la vida de los condenados y fueron cazados a tiros en las calles aleda√Īas al lugar del crimen‚ÄĚ.

Por su parte, en el epistolario de Emilio Roig de Leuchsenring, antiguo Historiador de la Ciudad de La Habana, aparece una carta fechada el 18 de enero de 1943 dirigida al Ministro de Obras P√ļblicas y donde, luego de hablarle de los cinco negros muertos, le pide que ‚Äúdicte las √≥rdenes oportunas para que en el Parque de los M√°rtires (‚Ķ) se rinda cerca del templete que rodea el lienzo de pared junto al cual cayeron los estudiantes de 1871 un permanente homenaje a la memoria de los que pagaron con su vida la defensa de aquellos inocentes‚ÄĚ.

Aun as√≠, para otros historiadores cubanos, entre los que se encuentra Luis Felipe Leroy y G√°lvez ‚ÄĒautor de una de las m√°s completas investigaciones sobre el 27 de noviembre de 1871‚ÄĒ, la muerte aquel d√≠a en La Habana de cinco hombres negros no es un indicio concluyente para afirmar que lo hicieran en defensa de los estudiantes, y mucho menos que existiera un levantamiento mayor.

De acuerdo a su criterio, la escasa credibilidad ‚Äúse patentiza por el hecho de que no s√≥lo no existe tradici√≥n seria en ese sentido, sino tambi√©n que el n√ļmero de defunciones asentadas en los libros de entierros del cementerio de esta capital, mantiene el nivel normal durante esos d√≠as‚ÄĚ.

No obstante, desde el 27 de noviembre de 2006 los miembros de la sociedad abaku√° realizan una peregrinaci√≥n hasta un jag√ľey situado en la esquina de Morro y Col√≥n en La Habana Vieja, el lugar donde seg√ļn la tradici√≥n cay√≥ uno de los negros aquel d√≠a. Luego siguen su recorrido hasta el templete erigido en el sitio donde murieron los estudiantes.

Para el Dr. Orlando Guti√©rrez Boza, Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y Presidente del Consejo Supremo de la Asociaci√≥n Abaku√° de Cuba, recordar los hechos del 27 de noviembre de 1871 es una manera de honrar a sus antepasados. Seg√ļn dijo a Cubadebate, la peregrinaci√≥n incluye cantos luctuosos propios de ese grupo religioso, as√≠ como bailes y ofrendas florales tanto a los estudiantes como a los negros muertos.

La historia de los cinco negros muertos casi junto a los estudiantes de medicina aun necesita conocimientos mayores. Sacar a la luz los documentos citados por algunos investigadores, aclarar desde la historiograf√≠a detalles importantes de lo sucedido ese y los d√≠as siguientes, as√≠ como sistematizar ‚ÄĒdesde lo oral pero tambi√©n desde las pruebas documentales‚ÄĒ un estudio definitorio sobre lo ocurrido, son aspectos decisivos para arrojar la exacta claridad sobre el asunto y zanjar de una vez las dudas sobre el tema.

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