Una guerrera que baila

Por:  Haniel Vald√©s Vel√°zquez (estudiante de Periodismo)

Ella lleg√≥ a la XIV Universiada Nacional con la esperanza de aportarle medallas a su delegaci√≥n, con la meta de salir a disfrutar de su deporte, con la satisfacci√≥n de que era la gimnasia un puntal de confianza en las aspiraciones camag√ľeyanas.

Desde hace mucho tiempo el deporte es parte importante de su vida, cada presentaci√≥n, cada split, cada euf√≥rico salto sobre el tabloncillo, cada aplauso del p√ļblico, es un motivo para seguir adelante.

El azar tiene y hace sus descalabros, el atleta, no siempre juega con la fortuna de sentirse bien en cuerpo y alma. Una lesión puede truncar el futuro de cualquiera de sus víctimas, pero si hay un corazón rebosante de energía, de ganas de salir adelante, de demostrar que nada puede detener la fuerza del amor por lo que haces, si existe ese corazón, no hay imposibles para quien lo porta.

Una sesi√≥n de entrenamiento dej√≥ fuertemente dolorida a Damarys Rodr√≠guez G√≥mez, una de las esperanzas de medallas en las filas camag√ľeyanas. Ella deb√≠a salir la noche siguiente a ejecutar un solo y un tr√≠o, de alt√≠simo nivel de dificultad, y retar con ellos a las fuertes representantes de las selecciones en competencia.

Los √°nimos del equipo hab√≠an ca√≠do, la Universidad de Camag√ľey, lleg√≥ a sentirse derrotada, pero cuando las luces iluminaron las tablas, ah√≠ estaba ella. Sonre√≠a m√°s que nunca, vest√≠a los colores de su equipo, se sent√≠a la reina del escenario cuando le correspondi√≥ hacer lo que mejor sab√≠a.

Su actuación tuvo la fuerza de las guerreras, sus movimientos no parecían posibles, era de piel, de hueso, pero se veía de acero. Quienes conocíamos su dolor, la afección de su cuerpo, temimos por ella, temblamos de miedo, tuvimos piel de gallina y asomamos alguna lagrimilla pasajera.

Ah√≠ estaba, volando por los aires, llenando de esperanza a los que ve√≠an su sonrisa, bailando y sintiendo la m√ļsica como si saliera de su cuerpo. No le bastaron los aplausos y el reconocimiento de quienes, de pie, en la sala, la aplaudimos incr√©dulos y admirados; volvi√≥ y con la misma fuerza, acompa√Īada de sus compa√Īeras se rob√≥ el show de una noche que fue m√°gica.

Damarys, salió del teatro pálida, sin fuerzas, sin la venda que enrollaba su pierna, pero salió feliz, sonriendo, rodeada de gente que la quería, ahora más que nunca. Salió portando dos medallas, una de plata y otra bronceada, salió satisfecha, había cumplido con su deporte, con su delegación, con su universidad, su provincia, pero sobre todo había cumplido con su corazón.

Sali√≥ en el abrazo gigante y el respeto eterno de los que le agradeceremos, toda la vida, por habernos ense√Īado una lecci√≥n, por regalarnos la alegr√≠a y por haber elegido para su vida, hacer lo que la hac√≠a feliz, por ser nuestra guerrera.

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