Y sin embargo fue un padre

Aquel gran hombre no estuvo junto a mi querida madre el día en que yo nací, no besó mi frente o acarició mis piececitos antes de gatear y menos aún me inscribió con su apellido. Jamás me tomó por los brazos y me enseñó a caminar, nunca me llevó a un parque a jugar, ni al estadio a ver un partido de béisbol, no fue a ninguna de mis reuniones de padre y tampoco me dio consejos sobre las novias, el estudio o las amistades.

Sin embargo, como para muchos seres humanos en Cuba y el mundo, para mi también, con la muerte del Comandante Fidel Castro Ruz, se perdió a un padre, porque sus manos y su pensamiento estuvieron detrás de mi llegada saludable y gratuita al mundo, detrás del respeto incondicional a mis derechos humanos, detrás de los libros y maestros que solo costaron voluntad y esfuerzo intelectual, detrás de cada gesto de amor y solidaridad que he tenido para con los amigos, familiares, enemigos.

Sí, porque aunque hizo todo lo posible para prepararnos para que este triste momento no nos sorprendiera, el fallecimiento del líder indiscutible y eterno de la Revolución Cubana y paradigma para los pueblos de América Latina y el Caribe, nos ha dejado para siempre el profundo dolor que puede sentir un hijo agradecido cuando su progenitor, su modelo, su guía ante la vida y el trabajo, se marcha físicamente.

Sin dudas, hubiera querido, como lograron muchos a los que les envidié siempre esa suerte, tener el privilegio de estar bien cerca de él en actos, reuniones, congresos, o recorridos en los que estuvo presente. Hubiera querido compartir canastas o movidas del Juego Ciencias con el bien llamado Caballo y así para aprender de sus habilidades atléticas.

También hubiera querido apretar su mano para que se me pegara tanta fortaleza ideológica, política, moral y humana, intercambiar palabras con uno de los mejores oradores que tuvo la humanidad en el siglo XX Y XXI, para ampliar mis miradas al horizonte, ganar en capacidad de análisis, cultura y humanismo.

Como sus hijos, nos queda levantarnos como hacía él ante cada dificultad y como se ha levantado la Revolución, con su guía, frente a miles de adversidades,  nos queda seguir el ejemplo de quien fue uno de los principales artífices de la política cultural cubana, de quien trabajó incansablemente para hacer de Cuba un país de hombres cultos y humanos, de quien lo dio todo para que el Gigante de Siete Leguas no aplastara con sus botas a los retoños latinoamericanos.

Cada fin de año tendrá su matiz triste para los millones de personas que apostaron siempre por los ideales fidelistas pero también crecerá con fuerza la energía de esas multitudes que seguirán más que nunca su ejemplo, su impronta, sus huellas, heredarán su energía, valores y virtudes, para con un impulso vital de presente y futuro mantener todo lo que construyó de manera desinteresada este gran hacedor de victorias y de luchas incansables, un padre que vivirá siempre en el corazón de todos sus hijos.

Por: Alexei Nápoles González

Fotos: Tomadas de Internet

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *