La estrella que ilumina y mata. PDF Imprimir E-Mail
Yelaine Martínez Herrera / NotiUC

No supo aquella bala que tratando de matar inmortalizó a un ángel. Abiertas las puertas del cielo, prefirió venir a la tierra para alumbrar nuestros caminos.
 

Ganó, pues, el respeto de la muerte, el favor de la vida y la envidia de los astros.


Diecinueve flores - las más lindas- murieron con él, pero hoy sus ideas florecen en la eterna primavera de la Revolución triunfante.
 
Martí es más que un mito; es el hombre convertido en sentimiento y maestría.

Como cuchillo, sus afiladas letras penetraron al opresor y al tirano de los tiranos. Su voz, espiritual  y enérgica cual sinsonte enamorado, se abrió paso en las entrañas del monstruo.

Mirad! Mirad! El Apóstol no ha muerto. Si le dio a su tierra, desde que la conoció, la dulzura de su amor, si puso a sus pies muchas veces fortuna y honores, si no le faltó el valor necesario para morir en su defensa, tampoco murió porque los grandes hombres nunca mueren.

Y hoy, eternamente agradecido de la Patria que le dio el aliento existencial, alza sus ojos para mirar al pueblo de sus sueños; una sociedad con todos y para el bien de todos.

Martí, Cuba te ama. Aquel 19 de mayo no fue más que un marco terrenal entre los dos mundos. Tu pluma y tu estrella se quedaron aquí para recordarnos, cada mañana, de cara al sol, tu grandeza universal.

 

 
< Anterior   Siguiente >