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Foro debate: El 10 de octubre, presencia e inspiración de las nuevas generaciones

De donde venimos

Hace 150 años, inició en nuestro país el proceso revolucionario que aún continúa con las nuevas transformaciones políticas económicas y sociales a las que, los vertiginosos cambios que ocurren en el ámbito nacional e internacional, nos han convidado; porque Revolución es sentido del momento histórico y cambiar todo lo que debe ser cambiado.

Así como bien ha explicado el destacado investigador e historiador cubano, Joel James Figarola, uno de los legados del 10 de octubre es el ejemplo de Céspedes de ser los primeros en enfrentarnos a los problemas allí donde se desatan. No se podían, no se pueden esperar las condiciones perfectas hay que enfrentarnos a lo que nos afecta con el pecho, aún cuando nuestras armas sean menos avanzadas tecnológicamente.

Ud puede exponer  en este Foro debate sus ideas, comentarios y preguntas, respecto a una fecha tan importante en la historia patria como lo es el 10 de octubre de 1868 y su trascendencia en la actualidad, solo siga el enlace.

Las manos tiemblan de emoción al comenzar a escribir estas palabras. Tal vez con el sentimiento de quien, antes de llegado su momento, puede echar un vistazo a través de los muros de lanzas, el tejado de escudos y las quinientas cuarenta puertas del Valhalla (fortaleza a la que los guerreros iban al morir según la mitología nórdica) y se da cuenta en ese preciso instante de que los que lo precedieron alcanzaron tamañas hazañas difíciles de igualar, miro el contexto en el cual vivimos las actuales generaciones de cubanos y comprendo que es momento de que la juventud apoye con más fuerzas a sus tradiciones y se sume a las huestes de guerreros cubanos que lucharon por la más grande causa: la independencia y la justicia social.

El alzamiento en Demajagua representó el momento en el cual — y me voy a permitir parafrasear a Eusebio Leal— ya no se podía perder el tiempo intentando desatar el nudo, al igual que lo había hecho Alejandro Magno, había que cortarlo para resolver el problema.

Debemos sentirnos orgullosos de la historia de nuestra patria, es ella la que debe indicarnos el camino a seguir. Es por eso que comprender los sucesos ocurridos a partir del estallido independentista es de vital importancia para hacer frente a los peligros actuales sobre todo a peligros que afectan valores directos de nuestra sociedad, heredados en nuestras tradiciones de lucha, como la ética y el humanismo; valores estos que se ven agredidos desmedidamente por la globalización y el neoliberalismo.

Aun cuando el fracaso de la Guerra de los Diez Años tuvo varias causas — algunas que tomaron mucho tiempo en ser eliminadas, otras aún corroen nuestra sociedad— sí dejó explícito que nuestra principal debilidad era la desunión y por eso a partir de ese entonces, o quizás ya desde el inicio de la contienda el joven Martí, en 1869 con su poema “¡10 de Octubre!”, llamó a que todas las regiones se unieran a la lucha anticolonial. La falta de unidad que representó la principal causa del fracaso de nuestras luchas independentistas y que con tanto tiempo, sudor y esfuerzo hemos ido eliminando no puede volver a nuestras tierras como causa de una guerra cultural en contra de las actuales posturas alternativas.

El regionalismo y el caudillismo desmedido — como bien comprendió el Apóstol— habían propiciado la falta de unidad y permeado los momentos en los que se intentaba aunar esfuerzos en pos de la causa común, del bien mayor.

No podemos permitir que las diferencias determinen nuestra actitud con los otros y mucho menos dejarnos convencer por falsos caudillos que aparecen como pequeñas serpientes del edén intentando volvernos en contra de la paz y la equidad.

Entonces, no hay que ir muy lejos para encontrar las armas que necesitamos para enfrentarnos a estas sillas en nuestro camino — con el permiso de Silvio, parafraseando su canción— solo debemos mirar atrás y allí encontraremos la sabiduría de nuestros héroes. Encontraremos a ese Céspedes que un 10 de abril de 1869 fue capaz de ceder y aceptar las posiciones del centro en pos de esa unidad tan deseada. El proceso iniciado el 10 de octubre nos legó el conocimiento de que nuestro más grande deber es supeditar nuestros intereses individuales a la necesiad de alcanzar el bienestar de todos, para que todos seamos hombres dignos; creando juntos, los que están y las generaciones que vendrán, una república con todos y para el bien de todos; donde la ley suprema sea el culto a la dignidad plena del hombre.

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