Camagüey mira a Palma para encauzar su desarrollo turístico


Aciertos y errores. A la ciudad cubana, declarada patrimonio de la Humanidad, le queda mucho para dejar de ser solo un destino de paso. Palma está resabida de éxito y de los peligros de la saturación. Juntas avanzan para empujar a la primera.

Miquel Coll, María Elena Betancourt, Geiser Perera y Carmen Ramis en el campus de la UIB.

La Universidad de Camagüey y la Universitat de les Illes Balears (UIB) son viejas amigas. Comenzaron a colaborar en 2001. Han desarrollado ya ocho proyectos de cooperación; para la UIB Cuba siempre ha sido un país preferente. Ahora juntas trabajan para activar el desarrollo turístico de Camagüey, ciudad ubicada en el centro este del país y capital de la provincia del mismo nombre.

“Se trata de una de las ocho regiones turísticas prioritarias en Cuba”, explica María Elena Betancourt, quien junto con Geiser Perera, ambos investigadores del Centro de Estudios Multidisciplinarios del Turismo en la universidad cubana, han estado en Palma como parte del proyecto que llevan a cabo junto con la Oficina de Cooperacion y Desarrollo Sostenible de la UIB.

Camagüey es bella. Tanto que la ciudad fundada en 1514 y llamada entonces Santa María del Puerto del Príncipe fue declarada por la Unesco, en 2008, patrimonio de la Humanidad. Pero Camagüey, con un centro histórico de gran valor, más la oferta de naturaleza y sol y playa que ofrece, es un destino de paso. Los turistas la visitan apenas un día dentro del circuito que incluye La Habana, Trinidad y Santiago.

“Desde 2014 empiezan a aflorar hoteles boutique de ocho y diez habitaciones que están utilizando el patrimonio”, explica Betancourt. Por su parte, Meliá cuenta con tres establecimientos en la ciudad –”el nombre de la cadena sirve de atracción”–. Tiene un gran futuro, pero su apuesta es por un desarrollo sostenible, que no conlleve la temida gentrificación ni la masificación, de la que tanto sabe Palma.

Diversificar oferta

Ambas ciudades son similares en población, por eso investigadores de su universidad y la UIB están trabajando juntos para ayudar a despegar a Camagüey pero sin que pueda llegar a ser una víctima del éxito turístico. Es decir, se analizan los aciertos y errores cometidos en la capital mallorquina.

En el proyecto con los docentes cubanos colaboran por parte de la Universitat la investigadora Carmen Ramis, el doctor en Geografía y especialista en planificación y gestión sostenible Miquel Coll y Ruth Escribano, la directora de la Oficina de Cooperación. También se han reunido con representantes de las fundaciones Palma XXI y Palma 365.

Ramis explica que Camagüey tiene “un gran potencial para complementar su oferta de sol y playa y diversificar su oferta”. “El turismo puede impulsar el desarrollo local de la ciudad que ahora se centra en el litoral”, observa Coll, pero “cada administración hace sus planes de forma sectorial, sin que haya colaboración público-privada”.

Lo bueno de este destino cubano es que mientras despierta su actividad hotelera, todavía “la vida funciona con normalidad” y no se está expulsando a los residentes, dice Betancourt, mientras que en Palma “desde hace cuatro años hemos empezado a notar” que pasa lo contrario, señala Escribano. La directora de la Oficina de Cooperación subraya que la particularidad de que en Cuba sea el Gobierno el propietario de los complejos turísticos ha evitado que los hoteleros extranjeros “hagan desastres” como en otros destinos del Caribe.

Sobre las posibles demandas a los hoteleros españoles por estadounidenses, los docentes cubanos también tienen su opinión. Creen que “es una forma más de coerción estadounidense. Atacan el turismo porque impulsa el desarrollo de Cuba”. Mientras, ellos se centran en el despertar como destino de su ciudad.