Madre en su segunda casa

Ella es de esas personas dispuestas a perder hasta el aliento si se trata de ayudar a alguien. Trabaja sin importarle demasiado los horarios, regala sonrisas, ofrece consejos. La vemos en su rutina habitual, y, aunque siempre decimos- buenos días- nunca nos preguntamos cómo es su vida, sin embargo, se interesa por nuestros problemas, y sus lágrimas caen junto al dolor que a veces sentimos.

Cariñosamente le decimos tía, pero su nombre es Elsa Fernández, instructora educativa del edificio #3 del bloque A de la residencia estudiantil universitaria, perteneciente a la sede “José Martí”, y que hoy comparte un pedacito de su historia.

-¿Cuál es su labor como instructora educativa de la residencia?

Desde que comienzo a trabajar a las ocho de la mañana, la principal tarea es supervisar diariamente que cada uno de los estudiantes cumplan correctamente con la cuartelería; y, además, me gusta velar porque mantengan buenas relaciones interpersonales, y que sepan convivir entre ellos.

¿Cómo es su relación con los estudiantes?

-Creo que buena, trato de ayudar, sobre todo,a las muchachitas en lo que pueda y en los cursos que llevo trabajando aquí no tengo quejas de ningún becado. A veces he tenido discrepancias porque alguna no ha querido hacer su cuartelería, por tanto, intento enseñarles que es su deber y para qué es necesario mantener la limpieza de la residencia y cuidar los medios básicos.

-¿Es difícil llevar a la vez el trabajo y la vida en la casa?

Sí, es difícil porque las mujeres tenemos que llevar casa y trabajo, al mismo tiempo y con mucha responsabilidad, y después de un día tan ajetreado terminamos demasiadas cansadas. Pero yo me siento bien con el trabajo que realizo y el amor de las muchachitas, con eso, todo es más fácil.

-¿Qué esperas y exiges en los estudiantes?          

-Me gusta que mantenga el orden en las habitaciones, porque son preparadas para ellos con el esfuerzo propio del personal de la residencia.; y aunque no siempre tenemos los medios para ofrecerles todas las condiciones que quisiéramos, hacemos nuestro mejor esfuerzo para recibirlos como en casa.

Elsa Fernández consigue llenar esos espacios vacíos que los becados sienten cuando están lejos del hogar. Una vez graduados, nacerá la nostalgia de su voz cada mañana, de su frase cotidiana- muchachitas yo las quiero-, de esa mujer generosa que nos guio durante una de las etapas más importantes de la vida de un ser humano.

Dieciséis años de su existencia ha entregado esta fémina cubana a los estudiantes becados de la Universidad de Camagüey “Ignacio Agramonte Loynaz”, compartiendo amor, en su segunda casa, con cada uno de los universitarios a quienes ha acompañado en este camino.

Por: Yilenis Pérez Sanabia y Melissa Lorenzo (estudiantes de Periodismo)

Foto: Yilenis Pérez Sanabia

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