Cuando perdura la inocencia

Noviembre llega y el viento ya no es el mismo, el Sol no alumbra de la misma forma, ya no calienta con la misma intensidad, porque existen historias que perduran, que vencen el paso del tiempo y siempre estarán en el alma de un pueblo.
Una rosa y un juego de niños nunca fueron tan letales, el azar jamás fue tan severo, tan desgarrador; la palabra suerte perdió su significado para quienes se quedaron, el consuelo quedó sin refugio en aquellas almas desoladas, a la piedad y la justicia les cerraron la puerta los que como jauría demandaban sangre.
No tuvo poder la razón, no lo tuvo el maestro abnegado, tampoco el militar honrado que creía en la moral de los hombres. El intento heroico de los malmirados se frenó, y aun hoy muchos lo desconocen y se sorprenden cuando descubren quienes se lanzaron a impedir el absurdo.
En nombre de un dominio cruel, y de quien rebajaba la profesión que en vida tuvo, el odio se abrió paso para ponerle fin a la preciada juventud, para cortarle las alas a la existencia que recién comenzaba, para destruir las manos que soñaban con ayudar a otros y salvar vidas.
A más de un siglo la historia aun provoca lágrimas, es imposible dejar de preguntarse ¿Por qué ocho niños abandonaron sus familias y sus hogares sin merecer tal castigo? La magia del cine también los honra, cuenta su verdad, y la miseria de aquellos que aunque lo intentaron, no lograron acabar con la Inocencia.
Por: Daylén Fenollar Alemán y Marianne Portuondo

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