Hay que seguir leyendo e interpretando a Marx

Sitio oficial de la Universidad Camagüey, espacio para dar a conocer el quehacer de nuestros estudiantes y trabajadores. Donde comunicamos nuestros resultados en la investigación, la docencia y la extensión universitaria.

Hay que seguir leyendo e interpretando a Marx

4 mayo, 2020 Noticias 0

Este 5 de mayo de 2020 se cumplen 202 años del natalicio de Karl Marx en la provincia de Prusia Renana, ciudad alemana de Tréveris. Con sólo 17 años de edad, ya Marx asombraba por la profundidad de sus ideas y por la manifiesta decisión de entregar su vida al servicio de la humanidad; valga la semblanza martiana para valorar el genio de su figura: “…Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles merece honor (…) Aquí están los buenos amigos de Karl Marx, que no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas y en los destinos de los hombres, y hombre comido de ansia de hacer bien”.

En 1842 es que se produce en París el primer encuentro entre Marx y Engels. Ambos pensadores comienzan a desarrollar una concepción propia sobre el proceso histórico, más realista y vinculada a las necesidades sociales concretas surgidas como resultado de la lucha política y social del proletariado, la cual apreciaron directamente.

El proceso de formación de la nueva concepción dialéctico materialista del mundo continúa desarrollándose en otras obras de Marx y Engels, tales como: “Manuscritos económico- filosóficos de 1844”, “La sagrada familia”, “La Ideología Alemana”, “Miseria de la Filosofía”, y “El Manifiesto Comunista de 1848”.

Esta última obra, de profundo contenido teórico- revolucionario, marca un hito importante en el proceso de formación del marxismo, arma teórica del proletariado en su lucha contra la burguesía.

  1. El hombre es sensibilidad humana.

Decía Marx: “El hombre es directamente un ser natural. Como ser natural y como ser natural viviente está provisto, por una parte, de las fuerzas naturales de la vida, es un ser natural activo. Estas fuerzas existen en él como tendencias y habilidades, como impulsos. Por otra parte, como ser natural, corpóreo, sensorial (…) es una criatura que sufre, condicionada y limitada…”

“…es sensibilidad humana…”

Carlos Marx planteaba que “no solo con el pensamiento, sino con todos sus sentimientos, el hombre se afirma… en el mundo”.

Tal como se dejara ver en las Tesis sobre Feuerbach: “I. El defecto fundamental hasta el presente de todo el materialismo anterior -incluyendo al de Feuerbach- es que sólo considera las cosas, la realidad del mundo sensible, en forma de objeto de observación y no como actividad sensorial humana, no como actividad práctica, no subjetivamente …”

“… Así se explica que el aspecto activo ha sido desarrollado por el idealismo, en oposición al materialismo, pero en forma abstracta, porque el idealismo no conoce, naturalmente, la actividad real concreta como tal. Feuerbach quiere objetos sensibles, realmente distintos de los objetos mentales, pero tampoco concibe la actividad humana como una actividad objetiva…”

“XI. Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas maneras; de lo que se trata es de transformarlo…”

III. El surgimiento del Marxismo.

El surgimiento del Marxismo estuvo condicionado por el proceso de nacimiento y desarrollo del capitalismo que trajo consigo la aparición de dos clases antagónicas, la burguesía explotadora y el proletariado explotado. Las condiciones que se crearon como consecuencia del desarrollo del capitalismo, exigían una explicación científica capaz de convertirse además en arma para la lucha del proletariado. La concepción dialéctico materialista creada por Marx y Engels fue la respuesta que revolucionó el pensamiento de la época.
Desde el momento de su nacimiento, los conocimientos filosóficos han ido evolucionando y sustituyéndose unas teorías por otras, como una muestra del camino ascendente del hombre en el proceso del conocimiento de su propia esencia así como de sus vínculos multifacéticos con la realidad.

En este milenario, contradictorio y penoso camino ocupan un lugar especial Carlos Marx y Federico Engels ya que, al decir de Lenin, su genio estribó precisamente “en haber dado solución a los problemas planteados antes por el pensamiento avanzado de la humanidad. Su doctrina pareció como continuación directa inmediata de las doctrinas de los más grandes revolucionarios de la filosofía, la economía política y el socialismo”.

Ahora bien, lo característico de esta teoría científica es que, en la misma medida que constituye continuación del pensamiento anterior, rompe con los elementos ya caducos y, en forma de negación dialéctica, se enriquece con nuevos elementos aportados por la práctica y la reelaboración creadora de sus fundadores, por tanto constituye un salto cualitativo en el propio desarrollo del pensamiento de la humanidad, en el sentido de no ser una doctrina encerrada en si misma, ni surgida al margen del camino de la civilización mundial, sino que, en todo momento con su propio carácter, está abierta a otros cambios que impliquen también la continuación y ruptura características de su esencia dialéctica.

El surgimiento de la Filosofía del Marxismo no fue simplemente la aparición de una filosofía más, sino que ella representó toda una revolución en la historia del pensamiento filosófico.

Lo que hoy conocemos como marxismo recoge una larga herencia cultural y filosófica que, sometida a crítica, se pone en función de conocer al mundo y transformarlo. Ellos transitaron por el camino de la verdad y nos armaron de una concepción del mundo nueva y científica al servicio de la humanidad sufriente que apenas había aparecido en los grandes tratados de filosofía. Por primera vez las masas son protagonistas principales en la reflexión filosófica.

La labor de Marx y Engels en el plano científico alcanza niveles superiores y quedó plasmada en múltiples obras, entre las que se destaca “El Capital”. Su labor intelectual dirigida al estudio de la sociedad capitalista y las vías para superarlas, así como de los avances de las ciencias naturales y sociales de la época, estuvo orgánicamente imbricada con su decisiva actividad política en la realización de su proyecto de emancipación social que tuvo sus expresiones más significativas en la fundación de la I Internacional (1864) y en el apoyo a la Comuna de París (1871), que constituyó el primer intento revolucionario de la clase obrera por tomar el poder.

Tras la muerte de Marx, ocurrida en 1883, Engels continuó hasta 1895 su labor, tanto en la terminación de muchas de sus obras inconclusas, como en la dirección del movimiento obrero internacional. Fue éste un período de intensa actividad frente a las tergiversaciones que ya afloraban de la obra de Marx y ante los nuevos acontecimientos históricos y descubrimientos científicos que demandaban nuevas interpretaciones creativas, que Engels y otros marxistas supieron desarrollar.

Al valorar la trascendencia de la obra de Marx, escribiría el Che Guevara: “Ese ser tan humano cuya capacidad de cariño se extendió a los sufrientes del mundo entero, pero llevándoles el mensaje de la lucha seria, del optimismo inquebrantable, ha sido desfigurado por la historia hasta convertirlo en un ídolo de piedra.

Para que su ejemplo sea aún más luminoso, es necesario rescatarlo y darle su dimensión humana”.

  1. El Marxismo en Fidel Castro Ruz.

“¿Qué aportó el marxismo a nuestro acervo revolucionario en aquel entonces? El concepto clasista de la sociedad dividida entre explotadores y explotados; la concepción materialista de la historia; las relaciones burguesas de producción como la última forma antagónica del proceso de producción social; el advenimiento inevitable de una sociedad sin clases, como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas en el capitalismo y de la revolución social. Que “el gobierno del Estado Moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda clase burguesa”. Que “los obreros modernos no viven sino a condición de encontrar trabajo, y lo encuentran únicamente mientras su trabajo acrecienta el capital”. Que “una vez que el obrero ha sufrido la explotación del fabricante y ha recibido su salario en metálico, se convierte en víctima de los otros elementos de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etcétera”. Que “la burguesía produce ante todo sus propios sepultureros”, que es la clase obrera.

El núcleo fundamental de dirigentes de nuestro movimiento que, en medio de intensa actividad, buscábamos tiempo para estudiar a Marx, Engels y Lenin, veía en el marxismo- leninismo la única concepción racional y científica de la Revolución y el único medio de comprender con toda claridad la situación de nuestro propio país. En el seno de una sociedad capitalista, contemplando la miseria, el desempleo y la indefensión material y moral del pueblo, cualquier hombre honesto tenía que compartir aquellas irrebatibles verdades de Marx, cuando escribió: “Os horrorizáis de que queremos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad actual la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros. Precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes existe para vosotros. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad”.

“El marxismo nos enseñó sobre todo la misión histórica de la clase obrera, única verdaderamente revolucionaria, llamada a transformar hasta los cimientos a la sociedad capitalista, y el papel de las masas en las revoluciones. “El Estado y la Revolución”, de Lenin, nos esclareció el papel del Estado como instrumento de dominación de las clases opresoras y la necesidad de crear un poder revolucionario capaz de aplastar la resistencia de los explotadores. Únicamente a la luz del marxismo es posible comprender no solo el curso actual de los acontecimientos, sino también toda la evolución de la historia nacional y el pensamiento político cubano en el siglo pasado”. “(…) Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx. A mil leguas de mi pensamiento el revisionismo, rindo verdadero culto a Marx, a Engels y a Lenin”.

“Cuando era estudiante supe teóricamente lo que era el comunismo utópico, descubrí que yo era un comunista utópico, porque todas mis ideas partían de: “Esto no es bueno, esto es malo, esto es un disparate. Cómo van a surgir las crisis de superproducción y el hambre cuando hay (…) precisamente más capacidad de crear riquezas. ¿No sería más sencillo producirlas y repartirlas?” Por ese tiempo parecía, como le parecía también a Carlos Marx en la época del Programa de Gotha, que el límite a la abundancia estaba en el sistema social; parecía que a medida que se desarrollaban las fuerzas productivas podían producir, casi sin límites, lo que el ser humano necesitaba para satisfacer sus necesidades esenciales de tipo material, cultural, etcétera.

“Cuando escribió libros políticos, como El 18 Brumario, Las luchas civiles en Francia, era un genio escribiendo, tenía una interpretación clarísima. Su Manifiesto Comunista es una obra clásica. Usted la puede analizar, puede estar más o menos satisfecho con unas cosas o con otras. Yo pasé del comunismo utópico a un comunismo que se basaba en teorías serias del desarrollo social (…) “Lenin sobre todo estudió las cuestiones del Estado; Marx no hablaba de la alianza obrero- campesina, vivía en un país con gran auge industrial; Lenin vio el mundo subdesarrollado, vio aquel país donde el 80 % o el 90 % era campesino, y aunque tenía una fuerza obrera poderosa en los ferrocarriles y en algunas industrias, Lenin vio con absoluta claridad la necesidad de la alianza obrero- campesina, de la cual no había hablado nadie…” “Con dogmatismo no se hubiera jamás llegado a una estrategia. Lenin nos enseñó mucho, porque Marx nos enseñó a comprender la sociedad; Lenin nos enseñó a comprender el Estado y el papel del Estado”.

“Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga. No crean que no hemos pensado muchas veces en ese fenómeno increíble mediante el cual una de las más poderosas potencias del mundo, que había logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un país que pagó con la vida de más de 20 millones de ciudadanos la lucha contra el fascismo, un país que aplastó al fascismo, se derrumbara como se derrumbó. ¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben?”

“(…) No tendría sentido hablar de conciencia revolucionaria si no existiera el capitalismo desarrollado y globalizado, ya previsto hace casi cien años. La conciencia del ser humano no crea las condiciones objetivas. Es al revés. Sólo entonces puede hablarse de revolución…”

“En pleno auge del capitalismo en Inglaterra, que iba a la vanguardia con Estados Unidos y otros países de Europa, en el mundo dominado ya por el colonialismo y el expansionismo, un gran pensador y estudioso de la historia y la economía, Carlos Marx, partiendo de las ideas de los más prestigiosos filósofos y economistas alemanes e ingleses de la época- entre ellos Hegel, Adam Smith y David Ricardo, con los cuales discrepó- elaboró, escribió y publicó sus ideas sobre las relaciones de producción e intercambio en el capitalismo en el año 1859 bajo el título Contribución a la crítica de la Economía Política. En 1867, continuó divulgando su planteamiento con el primer tomo de su obra cumbre, que lo hizo famoso: El Capital. La mayor parte de su extenso libro, a partir de notas y apuntes suyos, fue editado por Engels, que compartía sus ideas y como un profeta divulgó su obra después de la muerte de Marx, en 1883. Lo publicado por el propio Marx constituye el análisis más serio que se escribió nunca sobre la sociedad de clases y la explotación del hombre por el hombre. Nació así el marxismo, que ha sido el fundamento de los partidos y movimientos revolucionarios que proclamaban el socialismo como objetivo, entre los que se contaban casi todos los partidos socialdemócratas que al estallar la primera guerra mundial traicionaron la consigna enarbolada por Marx y Engels en el Manifiesto comunista, publicado por primera vez en 1848: “¡Proletarios de todos los países uníos!”.

“Una de las verdades que el gran pensador expresaba textualmente de forma sencilla es: “En la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. No es la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una fase determinada del desarrollo de las fuerzas productivas materiales de la sociedad, entran en contradicción con las relaciones de producción existentes… De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas y se abre así una época de revolución social… Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen las fuerzas productivas que caben dentro de ella y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales de su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua”. Yo no podría explicar con otras palabras esos conceptos claros y precisos emitidos por Marx de modo tal que, con una elemental explicación de sus profesores, hasta un joven cubano de los que ingresaron el pasado sábado 14 de junio en la Juventud Comunista pueda comprender su esencia.

“Sobre el desarrollo concreto de la lucha de clases, Marx escribió La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850 y El 18 Brumario de Luis Bonaparte, dos excelentes análisis históricos que deleitan a cualquier lector. Era un verdadero genio. Lenin, continuador profundo del pensamiento dialéctico y las investigaciones de Marx, escribió dos obras fundamentales: El Estado y la revolución y El imperialismo, fase superior del capitalismo. Las ideas de Marx, puestas en práctica real por él con la Revolución de Octubre, fueron igualmente desarrolladas por Mao Tse Tung y otros líderes revolucionarios en el Tercer Mundo. Sin ellas la Revolución Cubana tampoco habría estallado en el traspatio de Estados Unidos. Si el pensamiento marxista se hubiese circunscrito simplemente a la idea de que “ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella”, el teórico del capitalismo Francis Fukuyama habría tenido razón al proclamar que la desaparición de la URSS era el fin de la historia y de las ideologías y debía cesar toda resistencia al sistema capitalista de producción.

“En la época en que el creador del socialismo científico expuso sus ideas, las fuerzas productivas estaban por desarrollarse plenamente, la tecnología no había aportado todavía las mortíferas armas de destrucción masiva capaces de provocar el exterminio de la especie: no existía el dominio aeroespacial, el derroche sin límites de hidrocarburos y combustibles fósiles no renovables; el cambio climático no se conocía en una naturaleza que parecía infinita al ser humano, ni se había presentado la crisis mundial de alimentos para compartir entre incontables motores de combustión y una población seis veces superior a los mil millones que habitaban el planeta el año en que nació Carlos Marx.

“La experiencia de Cuba socialista tiene lugar cuando el dominio imperial se ha extendido por toda la Tierra. Al hablar de la conciencia no me refiero a una voluntad capaz de cambiar la realidad sino, por el contrario, al conocimiento de la realidad objetiva que determina la conducta a seguir. Decenas de millones de personas habían muerto en la guerra provocada a mediados del siglo XX por el fascismo, que nació de la entraña antimarxista del capitalismo desarrollado previsto por Lenin. “…Hasta hace muy poco se discutía sobre el tipo de sociedad en que viviríamos. Hoy se discute si la sociedad humana sobrevivirá”.

“…Lo asombroso de nuestra época es la contradicción entre la ideología burguesa imperialista y la supervivencia de la especie. No se trata ya de que exista la justicia entre los seres humanos, hoy más que posible e irrenunciable, sino del derecho y las posibilidades de supervivencia de los mismos”. “… Cuando Martí escribió esas palabras lapidarias, Marx ya había escrito El Manifiesto Comunista en 1848, es decir, 47 años antes de la muerte de Martí, y Darwin había publicado El origen de las especies en 1859, para citar sólo las dos obras que, a mi juicio, más han influido en la historia de la humanidad. Marx era un hombre tan extraordinariamente desinteresado, que su trabajo científico más importante, El Capital, tal vez no se habría publicado nunca si Federico Engels no se hubiese ocupado de reunir y ordenar los materiales a los que su autor consagró toda su vida. Engels no sólo se ocupó de esa tarea, sino que fue autor de una obra titulada Introducción a la dialéctica de la naturaleza, en la que habló ya del momento en que la energía de nuestro sol se agotaría”.

  1. Sin ser una conclusión.

Rindo especial tributo a Carlos Marx un día como hoy, cuando han pasado exactamente dos siglos de su natalicio, sin que pierda vigencia su extraordinaria doctrina. Hay que seguir leyendo e interpretando a Marx.

Tomado de Cubadebate

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducir »