Madre: la mejor obra

Si tu inocencia no se perdiera entre la dureza de tus ocasionales palabras, en la precisión de tus regaños, o hasta en la posible falta de comprensión por tus ansias de proteger, no fueras, sin dudas, el ser más exigente y sin embargo, el más adorado.

Pronto estaremos saturados de bellas y pomposas palabras para enaltecer tu obra diaria, para repetir otro año más, que eres una pieza estratégica en el puzle de la vida de todos aquellos que, dependemos espiritualmente de tus interminables mimos, aun cuando, ya no somos esos pequeños.

Dedicación, entrega, amistad, complicidad, creación constante, hacedora de mis mejores sueños, testigo de mis mayores logros y la reina de mis favoritos cuentos.

Seré capaz de construirte una casa con paredes de sentimientos verdaderos, para que nunca te falte abrigo, la diseñaré no desde la pasión que a ti indisolublemente me une, sino con la razón que jamás perderé de tenerte como mayor inspiración.

Quizás no sea una casa tan grande ni rimbombante, pero sí totalmente sincera, para cuando estés en ella te sientas abstraída de la realidad abrumadora y solo veas a través de mis ojos que eres la persona más especial, gracias madre por existir.

Por: Elena Rosales (estudiante de Periodismo)

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