Esta semana tiene una connotación especial. Estamos celebrando la Jornada por la Cultura Cubana y toda la nación vibra creativa y saludadora de la fecha. Como parte de la jornada, actos, galas y programas han signado los dÃas de una Cuba que necesita más que nada afianzarse a su identidad.
He aquà el punto rojo de la gráfica. Nuestra identidad… Un dÃa quise cuestionar a la opinión pública acerca de qué significaba ser cubano y, de momento, no pude seguir. La mayorÃa de mis entrevistados se quedaban atónitos ante la pregunta y pedÃan un segundo aire, para pensar y responder adecuadamente. ¿Qué no saben qué es ser cubano? Es algo inaceptable.
Por eso es este llamado de alerta, este llamado a ondear lo propio, sin chovinismos ni triunfalismos, ni justificaciones. Es una convocatoria a retomar, o, por lo menos, revisar nuestra producción cultural, que es la forma más eficaz de reproducir nuestro dÃa a dÃa. Pero no esa producción artÃstico-comercial, mirando hacia afuera porque vende más.
Llamo a integrar las filas de los que exploran tesoros nacionales, esos enterrados en archivos, tanto bibliográficos, como musicales o de Ãndole inmaterial. Los conmino a embarcarse en la aventura magnÃfica que implica redescubrir nuestro folclor, nuestra cubanÃa, nuestra identidad.
No pido volvernos antimodas, cada cual con su gusto, ni renegar categóricamente de las influencias modernas. Pido conciencia. Conciencia ante lo que consumimos y conciencia de que no tenemos por qué ser esclavos de ese consumismo impuesto por industrias culturales ajenas a la verdadera esencia del cubano.
Que sea esta jornada el impulso. Que no quede el ansia en la mera superficie del embullo. Nuestra cultura bien merece más que una misa, parafraseando al monarca francés. Nuestra identidad, por diversa, merece más que una jornada.








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