Educar, con el corazón de una madre

Educar, con el corazón de una madre

24 octubre, 2019 Entrevista 0

Pequeña de estatura pero de carácter fuerte, aunque alegre. Para los alumnos tiene el corazón de una madre, recio para exigir, firme para regañar, pero sabio para señalar el camino y tierno para responder a inquietudes y dificultades. Así es Lourdes Matos, jefa de la carrera de Ciencias Alimentarias.

“Yo me gradué de la especialidad en la Universidad de La Habana. Al culminar mis estudios me incorporo a trabajar en el Departamento de Química, aquí e n la UC, y desde entonces trabajo aquí, prácticamente he hecho mi vida aquí. Yo soy santiaguera pero me casé con un camagüeyano”, dice sonriendo.

Y tomó agua de tinajón…

Y me quedé aquí. Trabajo en la UC desde el 87. Trabajé durante 20 años en Ingeniería Química como profesora del Departamento de Química. Cuando surge la carrera de Ciencias Alimentarias en el 2004 me piden que pase al Departamento de Alimentos, a dirigirlo. Desde que se creó he sido la jefa de Departamento y la jefa de Carrera.

En la facultad trabajamos muy unidos, por eso sigo participando con los profesores de Ingeniería Química en investigaciones, y algunos de ellos están vinculados a proyectos de nosotros, de alimentos. También hacemos trabajos de diploma con los estudiantes de Química y de Alimentos, de manera integrada.

La especialidad que estudió y en la que imparte docencia, no es de las más conocidas, está relacionada con los alimentos y su campo es más amplio de lo que muchos imaginan.

Nuestros profesionales que son Licenciados en Ciencias Alimentarias reciben una formación de Ciencias Básicas, fundamentalmente, y de Tecnología. Pueden trabajar lo mismo en investigaciones básicas relacionadas con alimentos que en procesos tecnológicos y reciben además una formación dedicada a la salud pública, a nutrición, dietética, alimentación sana. Por lo que pueden trabajar en esta área. Ellos se dedican principalmente a la evaluación de la calidad de los alimentos, desde el punto de vista físico -químico, microbiológico, toxicológico, sensorial y tecnológico, entonces tienen una amplia gama de centros, de industrias en las que pueden desempeñarse.

¿Cómo fueron esos primeros pasos de la carrera en la UC?

Comenzamos a impartir la carrera con el plan de estudios “C”, y con todas las orientaciones de la Universidad de La Habana, de manera que nos hicimos dependientes de esa casa matriz porque teníamos muy pocos profesores de la especialidad. Sin embargo, llegó el momento en que nos dimos cuenta que de esa forma no íbamos a crecer y nos propusimos separarnos un poco y organizar nuestro plan de estudio. En el 2007 se comenzó a trabajar en el plan “D”, se implementó y en estos momentos tenemos el plan “E” en el segundo año de la carrera.

En el 2009 se forman los primeros profesionales de Licenciatura en Ciencias Alimentarias de la Universidad de Camagüey y en el 2014, al contar ya con 5 graduaciones, nos sometemos al proceso de evaluación externa.

Entonces, en el 2014 inician el proceso de autoevaluación y en el 2016 se someten a una evaluación externa de la Junta de Acreditación Nacional y aunque solo contaban con 5 graduaciones y apenas 11 años de abierta la carrera en la UC, lograron la máxima calificación: la excelencia.

Nos preparamos para la evaluación lo mejor posible, pero sin grandes pretensiones quizás por desconocimiento, porque no sabíamos que podíamos obtener la excelencia sin pasar por las categorías precedentes. Nos enfocamos en la acreditación. Sin embargo, el vicerrector Yosvani Miranda siempre nos decía: Ustedes tienen indicadores de excelencia, y estábamos conscientes de ello, por la cantidad de publicaciones y, principalmente, por el nivel de satisfacción de los estudiantes.

Fue un período del que siento mucha satisfacción porque se involucraron todos los profesores y estudiantes, se impartieron cursos. Nuestros estudiantes tienen la capacidad de ser muy creativos y trabajar ellos mismos, hacer producciones de leche, quesos, conservas y todo eso lo pusieron de manifiesto en esta etapa.

Por otro lado, en el 2015 y como parte también de la evaluación externa, hicimos un primer encuentro de egresados, al que asistieron estudiantes y profesores de La Habana, estos últimos se fueron muy contentos de cómo se iba desarrollando el proceso aquí y nuestros educandos tuvieron la oportunidad de compararse con aquellos y constatar el nivel que tienen, la preparación que se les da, la cercanía y el vínculo que tenemos con las industrias. Así fuimos ganándonos nuestro espacio en la Comisión Nacional de Carrera.

De manera que, en estos momentos, yo soy la vicepresidenta de la Comisión Nacional de Carrera y pienso que el hecho de que me hayan escogido en la dirección de ese órgano, donde hay una presidenta y dos vicepresidentes, indica que nosotros como carrera nos hemos ganado un espacio en el país en las Ciencias Alimentarias.


¿Pensaste alguna vez ser maestra, educadora?

Quizás nunca lo pensé realmente de esa forma, pero creo que estaba predestinada a serlo porque desde mi etapa de estudiante era de esas muchachas que siempre estaba en el aula ayudando a mis compañeros, repasándolos; luego empecé aquí y me fui enamorando; ya llevo 35 años en la profesión.


¿Qué significa para ti estar frente a un aula, dando clases? Sé que los alumnos son más que solo tus estudiantes.

Yo tengo dos hijos, mi hija tiene  26 años es periodista  y un varón de 28 años que es oncólogo. Cuando yo empecé a dar clases tenía 22 años nada más y los estudiantes eran, algunos incluso, mayores que yo pero siempre me dicen que me recuerdan con mucho cariño.

Yo soy explosiva cantidad, tú me ves muy tranquila, pero soy muy entregada al trabajo y me vas a ver siempre riéndome por ahí, pese al problema que tenga.

Llegué aquí, te decía, siendo muy joven pero cuando empiezas a trabajar y te quedas en la Universidad, uno no siente que se va poniendo viejo y de repente cuando miras hacia atrás es que me doy cuenta de la edad que tengo porque al trabajar con jóvenes uno se va permeando de ese espíritu, uno se va transformando con ellos, identificando con su música, su estilo de vida, independientemente de que los años van pasando y entonces llega el momento en que mis hijos eran como los estudiantes de aquí, ya mis hijos son más grandes que los estudiantes de aquí.

Yo hace poco pasé por todas las aulas, conversé con los estudiantes de todos los años y yo les decía: esto se los digo como jefa de departamento y ahora esto se los digo como mamá y como mamá yo quiero… y los aconsejo.

Yo los quiero mucho. En estos momentos que son más jóvenes que mis hijos, me siento como sus padres y no me veo fuera de aquí, no me veo fuera del aula.

Nuestros estudiantes provienen de Ciego de Ávila, Camagüey y las provincias orientales, y tienen la particularidad de que suelen ser personas muy humildes, son de lugares lejanos, de Guantánamo, Baracoa, Imías. Por ello hemos desarrollado un programa de tutorías, donde cada profesor del departamento atiende a todos los estudiantes de un territorio determinado. De manera que nos permite integrarnos y conocer mejor a cada estudiante y cada año.

Tenemos una comunicación envidiable con los padres. A mí los padres me llaman a cualquier hora a mi casa. Hoy mismo yo les di una orientación para la práctica laboral y en el fondo les puse mi  número de teléfono. Ellos se comunican muy bien con nosotros. Los padres nos llaman, vienen a vernos, si por ejemplo, tengo una niña que se me enferma y pasa la noche en el hospital yo estoy ahí con ella porque queremos que nuestros estudiantes se sientan protegidos.

Si pudieras elegir otra profesión o volvieras a estudiar nuevamente, ¿qué elegirías?

Yo pienso que elegiría de nuevo la carrera de Alimentos y volviera a ser profesora porque uno se mantiene joven aquí entre tanta lozanía y los muchachos son ocurrentes.

Si tuvieras que resumir lo que significa para ti educar, ¿qué me dirías?

Yo me iría a Martí y pienso que educar en estos tiempos que vivimos es, como diría el Apóstol, preparar al hombre para la vida.

Texto y foto: Adary Rodríguez Pérez

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