Multipliquemos el amor, matriz del mejoramiento humano y el crecimiento espiritual

Multipliquemos el amor, matriz del mejoramiento humano y el crecimiento espiritual

20 julio, 2021 Noticias 0

El escenario actual de Cuba es bien complejo. Conductas individualistas y manifestaciones no pacíficas emergen de algunos, que por suerte son minoría, pero no nos llamemos a engaño, cada vez ganan más seguidores.

Sumémosle la compleja situación epidemiológica que enfrentamos todos, no sólo nuestros médicos, científicos y personal sanitario en general, aunque estos con una participación más directa, la escasez de algunos recursos y las dificultades económicas, incrementadas por el recrudecimiento del cerco económico, político y social que pesa sobre la Isla desde hace más de 60 años, todo lo cual no hace sino incrementar comportamientos de esta índole.

Aunque, desde el prisma de la criticidad, en mi opinión, en Cuba, desde hace algunos años, se expresan comportamientos amorales y antiéticos y diversos males sociales que pudieran ser vistos como los cimientos de estas conductas. Las ganancias personales y el bienestar propio pesan como único fin para alcanzar la felicidad, y en esta ecuación queda excluido el otro, en ocasiones tratándose incluso de vínculos familiares, lo que es más lamentable, como si se viviera en una “burbuja”, como si no fuéramos seres sociales, y aclaro que esto es así esencialmente, y el bien común no se extendiera al propio.

¿Está todo perdido? Si usted piensa así, entonces le está dejando las puertas abiertas a la maldad para que lo abofetee y lo venza. Yo, creo en el hombre, en sus virtudes cardinales. Fundamentalmente somos seres espirituales y generosos, y pienso que el amor y la bondad priman por sobre los sentimientos destructivos, y que los comportamientos proactivos, por el bien común, se sustentan por encima de las conductas egoístas y cromañónicas.

La violencia y los violentos no trascienden, la propia vida se encarga de omitirlos, porque _ y cito al profe M. Calviño_ “la violencia es la antivida. Es la negación total de los designios naturales de la existencia humana. La violencia es la desesperación, la incapacidad para encontrar salidas, la denigración de la especie”.

El llamado es entonces a estar del lado de la bondad, la solidaridad, del bienestar compartido, de encauzar nuestros conocimientos y comportamientos al servicio de la felicidad de todos, de hacer cada cual su parte del deber a favor del crecimiento colectivo, de nuestra sociedad.

En momentos como estos vienen a mi mente las ideas filosóficas de orden pacifista de Gandhi, quien predicaba la áhimsa (palabra hindú que conceptualiza la no violencia), ideas enmarcadas en una compleja comprensión de la humanidad: “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego” y “La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia”. Lo que traducido significa que ninguna diferencia o problema puede resolverse de manera violenta, ello traerá consigo aún más conflictos entre las partes involucradas, la violencia genera más violencia.

La actitud violenta no contribuye a la resolución de los problemas, teniendo en cuenta que es, en esencia, una respuesta negativa ante el diálogo y el consenso de las personas, siendo estos últimos los únicos medios viables para hallar una solución.

No menosprecie la eficacia de un diálogo franco, abierto y en el tono adecuado, sus resultados son insustituibles. No un diálogo sordo, sí, ese en el que muchos hablan pero pocos escuchan, sino uno que nazca de la práctica multidireccional, que suponga participación de igual a igual, que asuma no sólo decir, sino escuchar y, de ahí, colaborar en la construcción de certezas colectivas, que posicione la diversidad como marcador para la ejercitación de los deberes y el respeto de los derechos de la comunidad.

La opinión del otro, aunque no concuerde con la suya, merece respeto, aproveche las diferencias para convertirlas en una manera de hallar soluciones horizontales, que sirvan para todos.

Son tiempos para obrar con asertividad, aprender a decir de forma gentil y educadamente lo que queremos expresar, en el momento y lugar oportunos, ello nos librará de malestares y frustraciones improductivas que única e irremediablemente nos alejarán de lograr nuestras metas. Aunque para ello, por supuesto, se tiene que tener un deseo real de contribuir para evitar la incomunicación, con los cercanos y con los ajenos.

Las diferencias existen desde el propio surgimiento de la humanidad, pero ellas no nos hacen poseedores únicos o desposeídos de la verdad, porque no existe una única verdad, como tampoco nos hace inferiores o superiores a los otros. Son oportunidades para crecer y aprender, para entender mi existencia en relación al otro, por y para el otro, en tanto somos seres sociales.

Hay demasiada historia acumulada, talento y virtudes en la sociedad cubana de hoy, en proporción, considero tenemos el poder de revertir, en lo ideal, de no repetir, los hechos desagradables recién acontecidos. ¿Cómo? Me permito remitirme a la utilidad de la virtud, cualidad esencial en la construcción de la nueva sociedad para el hombre nuevo, y bajo niveles de regulación consciente volitivo (apelativo de la voluntad), de autocontrol, de saber y actuar consecuentemente.

Que el respeto y la honestidad sean las armas que empuñemos ante las confrontaciones, porque son el irrespeto y la deshonestidad quienes invitan a la violencia, no al revés. Cuando se defiende una causa justa, no puede ser de otro modo. Los argumentos sostenidos en un clima de deferencia mutua, facilitan el entendimiento para el acuerdo y la solución del problema.
Que nuestros instintos más primarios no nos induzcan a cometer vilezas (la agresión en todas sus expresiones) que ilustren rasgos de involución y nublen los niveles de desarrollo cognoscitivo, volitivo, emocional y ético alcanzados por los seres humanos.

Multipliquemos el amor, matriz del mejoramiento humano y el crecimiento espiritual. Único sentimiento vinculante universal, poseedor de las más fuertes herramientas contra el egoísmo, el odio y la maldad.

Que sintamos la necesidad y confiemos en la capacidad de sentirnos juntos, como un todo, en la temporalidad, cuando nuestras diferencias intenten hablar lo más alto, y también nuestras contradicciones, e incluso nuestros conflictos. La unidad ha sido siempre estandarte para el hombre, más en tiempos de crisis, porque en ello le ha ido su supervivencia.

Acompañémonos para que esta no sea la excepción de la regla.
Seamos buenos, porque en la bondad nos va la vida, entreguémonos al futuro, a la edificación del futuro sobre la base de los intereses comunes, sólo así seremos más felices.

Por: Leticia Pastorrecio González (psicóloga de la Dirección de Comunicación Institucional UC)

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